Montejaque 1925-2026: El despertar del "cadáver preventivo" de la ingeniería hidráulica
Hay que tener un optimismo antropológico muy desarrollado para levantar un muro de hormigón de 84 metros de altura sobre un colador gigante. Eso es, básicamente, lo que hicieron los ingenieros de la Compañía Sevillana de Electricidad entre 1923 y 1925 en la Sierra de Grazalema. Hoy, tras cien años de ser un monumento al vacío, la Presa de los Caballeros (Montejaque) ha decidido que ya basta de siesta.
1. Un gigante con los pies de barro (y caliza)
La geología no perdona: el sumidero de Hundidero se tragaba el agua a la misma velocidad que los ingenieros intentaban retenerla. Se gastaron fortunas en inyecciones de cemento y experimentos con asfalto caliente para sellar las diaclasas de la roca. ¿El resultado? Un fracaso técnico absoluto. La caliza se "bebió" el presupuesto y el agua siguió su curso hacia la Cueva del Gato, dejando la presa como un decorado de cine post-apocalíptico.
2. El misterio de los Sifones Gregotti: Hidráulica sin cables
Lo más fascinante de Montejaque no son sus muros, sino su sistema de seguridad. Los ingenieros, en un alarde de previsión para un agua que nunca llegaba, instalaron sifones automáticos tipo Gregotti.
A diferencia de las presas modernas, aquí no hay compuertas que un operario abra con un botón. El sistema es puramente físico:
El Cebado por Vacío: Los sifones están diseñados para activarse por diferencia de presión. Cuando el nivel del agua alcanza el labio superior del conducto, se expulsa el aire y se crea un vacío que "succiona" el agua del embalse hacia el aliviadero.
Autogestión: Es un mecanismo que no necesita electricidad ni mantenimiento humano. Solo necesitaba agua. Y agua es lo que le ha sobrado a este 2026.
3. 2026: Cuando el colador se satura
¿Por qué ahora sí y durante un siglo no?Al alcanzar la cota crítica, los viejos pulmones de acero de la presa —esos sifones oxidados de 1925— se han cebado. El aire ha salido tras un siglo de encierro y la presa ha empezado a evacuar agua de forma automática, tal y como Urbano Orad proyectó en sus planos de papel cebolla.
Conclusión técnica
La Presa de los Caballeros ha pasado de ser una "presa fantasma" a funcionar como un aspersor de dimensiones bíblicas. Ha hecho falta un siglo de crisis climática y el colapso de un sistema geológico entero para que el sobredimensionamiento de 1925 tuviera sentido.
Al final, resulta que los ingenieros no estaban locos, simplemente tenían mucha paciencia. Unos cien años de paciencia, concretamente. Bienvenidos al estreno oficial de la ingeniería de entreguerras en pleno siglo XXI.



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